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Oriental 2 José Zorrilla

En los campos de batalla los acemileros de las compañías de zapadores sobre los lomos de los mulos porteaban cadáveres. Adentro, unas mujeres enlutadas que llevaban al ser querido a enterrar al pueblo. Los supervivientes del Simancas intentaron una salida a la desesperada tratando de abrirse camino con bombas de mano. Entró en juego ese coraje y valor que saca a plaza el español en situaciones excepcionales, cuando tiene un caudillo delante o una idea por la cual se siente entusiasmado. No cabe la capitulación en la mentalidad de los acérrimos españoles.

Pobieda era mañosa en las artes de saltarse el escalafón. Aficionado a clavar los ojos en cualquier papel, descolló en las tareas de reportero y corresponsal, escaló las cumbres del quehacer periodístico, pues llegó a ostentar el cargo de enviado especial a muchos países, pero, cuando vino la debacle borbónica, fue objeto de sañosa persecución. Lo de la puntería se lo debo a mi padre que fue de mozo un extraordinario casador, aunque algo de mi cosecha también saldría, porque siempre fui tenaz y laborioso en todo aquello que me proponía amen de haber criado fama de habilidades en cuestiones de la labranza. Ellos habían sido víctimas del fraude engañoso de los manipuladores de opinión, de los que llevan en sus manos las riendas del poder y programan los golpes entre bastidores; esos se mantienen contumazmente a distancia. Mientras tanto, seguíamos contemplando por el camino el ir venir de ataúdes forrados de brocatel, los primeros despojos de aquel enfrentamiento de muerte con la bestia.

Sólo nos presentamos Lita, el cabo asturiano que había recorrido todo el sector del frente como enlace de patrulla en sus tareas de reconocimiento, y un sargento marroquí de Regulares, muy maltrecho a causa de una herida en una pierna. El enemigo se descolocaba y el cañoneo cesó al punto. Pero cuando más añoranza tuve de mi pueblo fue el once de noviembre de 1936.

En la carlinga de un carro de combate que alcanza la muerte se hace inhumana. A mí me que me den campos abiertos para morir. Y esta relación – por eso mismo- no puede ceñirse a una sucinta lista de acontecimientos formales, ni a hechos objetivos sino a un encadenamiento de causas y de concausas, ese conglomerado más allá del absurdo de la conducta humana. De esta forma el ahora se funde y se entreteje con el antes y se encadenará con el después. Dentro de un tanque o en la bodega de un submarino se perece la más horripilante de las muertes.

Estudios de Casos (Clínicos)

  • El sufrimiento todo lo purifica y nosotros habíamos marchado al frente no precisamente a escribir novelas.
  • Un soldado ataviado en traje de mujer que al poco rato de iniciarse la refriega mostraba manchas de sangre en su aljuba.
  • El cielo, la tierra, la lluvia, la noche estrellada, y más allá Dios, pero, agazapados en el parapeto un soldado siente el latido de la nada que embruja los pensamientos mientras las balas a mil metros por segundo estallaban cerca de ti.
  • Curro Taboada (La Ruiseñora) y la Caseta Tocateja también han sido galardonados por el Ayuntamiento este año

He aquí un nudo gordiano en el que la prensa maleante e inverecunda que tenemos el año dos mil, en manos toda ella de capital extranjero, sigue jaleando con ardorosa fisga y lamentable refitoleo. ¿Será un delito amarla y la circunstancia de haber nacido español un obstáculo imperdonable de terquedad políticamente incorrecta la voluntad de querer serlo? Una multitud de mozos y de hombres no ya tan jóvenes se lanzó al combate a la sombra de la bandera bicolor por decisión de don Emilio, tras larga reflexión. El Ejército y la Marina, fieles a su juramento de derramar la sangre por la Patria, extienden hoy su brazo armado para detener a España al borde del abismo”. Este accidentado coloquio telefónico tuvo lugar el 18 de julio de madrugada.

Entradas encierros San Fermin – Dia 7 Julio 2026

Sonaban a cualquier hora del día y de la noche las descargas. El cielo, la tierra, la lluvia, la noche estrellada, y más allá Dios, pero, agazapados en el parapeto un soldado siente el latido de la nada que embruja los pensamientos mientras las balas a mil metros por segundo estallaban cerca de ti. El cuerpo mide el territorio, aplastas el humus fructífero con la barriga y la imaginación te juega de vez en cuando malas pasadas en esa simbiosis de vida y la muerte que tuvieron para mí las barbecheras de Brunete. Buscaba, inspirado por ese numen que sopla al oído de hombres que como él buscan la verdad, la querencia vivificante de nuestro sacrificio, eso le infundía bríos.

Tu protección amorosa se extendía sobre el mar de trigales que rodeaban el pueblo sellando su horizonte aldeano. Su rostro estaba como transformado, no tenía miedo ya, revestido, por un don especial de una fortaleza que inexplicablemente llegaba de lo alto. Ya podían ser todos los curas como tú, padre Ermunio – Disertorio Ermunio, así lo llamaban- que otro gallo le cantaría a la Iglesia. Se presentó en la posición con gesto descompuesto. Había visto aquel hombres horas antes de iniciarse el fregao cerca de la iglesia de Quijorna el sitio oficial de Plaza de Toros de Granada como aturdido y espantado por el miedo. El que estaba a mi lado era precisamente el capellán del Regimiento de Toledo, que había perdido al ochenta por ciento de sus hombres y eso que era tropa de refresco que venía a reforzar y a cubrir bajas.

Entradas encierros San Fermin – Dia 8 Julio 2026

Los chatarreros, los traperos de la misericordia, los enterradores de la amanecida son buena gente pero no habrá fregonas ni escobas suficientes para purificar el ambiente de tanta borrachera de sangre. Todos estos son cartas triunfales con los que juega ahora mismo el tahúr asesino dispuesto a acabar con un enemigo contra el que está dispuesto a vengarse. Somos casa en facción y así iremos a la ruina, bajo el punto de ira de las armas de trayectoria tensa del Hermano del Norte, del fraude de políticos poco avisados como Corla y la miseria moral que nos cubre hasta el cogote. En balística la proporción lógica causa efecto transforma la materia. El sexo, como arma blanca para utilizarlo en el cuerpo a cuerpo de los malcasados.

Esta demora tengo por cierto me libró de una muerte segura. Desde aquel día mi paisano escogía con toda meticulosidad milimétrica el punto exacto y en desenfilada para llevar a cabo sus evacuaciones fisiológicas. Mira por cuánto una mañana de diciembre estando en una posición de Zarzalejo cerca del Escorial, estando en las letrinas para cumplir una necesidad, rebotó una esquirla sin interesar el gluteo. Una hermana que tenía en el Cister de las Huelgas se encargaba de aquella protección o seguro particularísimo que desviaba la trayectoria de aquella metralla de fabricación ruso que durante el día y la noche en Brunete escuchábamos silbar mortíferas. La camioneta donde viajaban, camino del Alto de León, los de mi unidad iba tan compacta que no cogíamos. La cosecha aquel año había venido una de las mejores, pero la salvación de la patria tenía que tener prioridad a los trillos, las horcas, las zoquetas, las hoces y los sombreros de paja.

Es llevado preso al Castillo de Santa Catalina y luego a Guadalajara donde traba contactos con grupos tradicionalistas y carlistas de Vergara para formar un Ejercito del Norte, el Requeté. Con la rendición de Abd-el-Krim, y, ascendido a coronel por recomendación de Sanjurjo, es destinado al regimiento donde sirvió su padre en Cádiz. Nunca sufrió el mal del bled, una especie de morriña o pájara que acomete a los europeos y sabía moverse como Pedro por su casa por las intrincadas callejuelas de la Casbah.

Dicho de otra forma, en los planes de dominación mundial que alberga el zionismo internacionalista sobra la palabra España. Pero al poco tiempo cae y Mola, a la sazón, al frente del Tabor de Larache, es llamado por Berenguer para ocuparse de la Dirección General de Seguridad. De nuevo hay que salir a “torear” formando eterna con Sanjurjo y Franco. De vuelta a casa, se dedica a la lectura y, sobre todo, al bricolaje. El cuerpo de la patria está herido de muerte.

Que lo de necesidad fisiológica es otra cosa, cabo Recelado. Les vimos bañarse en el Aulencia una sofocante tarde del mes de junio. Olía en el campo a carne de churrasco igual que cuando en Membibre por san Martín asábamos cordero a la estaca. La muerte de aquellos pobrecitos achicharrados debió de ser dantesca. Quedaban a menos de doscientos metros de nuestra posición.

Posted in: plazadetorosdegranada.es

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